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Dar en adopción, también es un gesto de profundo amor

Hay decisiones que no nacen de la falta de amor, sino de un acto de honestidad. La historia de Cristhian (nombre ficticio, recién nacido). empieza precisamente ahí, en el corazón de una madre que, llena del más entrañable amor, entendió sus propios límites.

 A pesar de los esfuerzos del equipo multidisciplinario del MINNA, por buscar caminos que los mantuvieran juntos a la madre y el hijo, la intención no prosperó y lo mejor para el futuro del niño era permitirle encontrar otro hogar. Un gesto de amor, que pocos pueden comprender, pero que protege más que cualquier refugio.

Hoy, Cristhian está en los brazos de una familia acogedora en Encarnación. No es una familia cualquiera: es un hogar con un corazón enorme, que antes ya había abierto las puertas de su casa a dos hermanitas, que vivían en una Entidad de Cuidados Alternativos.

Al enterarse de la situación de Crithian, ésta familia no dudó en volver a hacer espacio en su mesa y en sus días para recibirlo. En esa casa hay pañales y desvelos, pero sobre todo, existe un refugio seguro, donde seguirá creciendo, mientras la Justicia marca los tiempos y define los pasos a seguir.

Ahora, Cristhian, ya no esperará el calor de un hogar que lo cuida, porque gracias al Programa Familias de la Guarda, siempre habrá una familia dispuesta a brindarle amor, protección y un lugar seguro para él.

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